lunes, 4 de mayo de 2026

EL NOMBRE DE LAS COSAS (Cuento popular inglés)

 

Hace mucho tiempo, una muchacha iba de casa en casa buscando trabajo como criada. Hasta que llegó a la casa de un caballero viejo y bromista que le dio el empleo que buscaba.

El primer día de trabajo, el caballero, riéndose para sí, le enseñó a la muchacha a nombrar los objetos de la casa con el nombre que él mismo les había dado.

Lo primero que le preguntó fue:

—¿Y a mí, cómo me llamarás?

—Le llamaré Señor, o Caballero, como usted me diga y más le plazca, Señor —respondió la criada. —Nada de eso —dijo él—. Deberás llamarme Señor de Señores.

Señalando después la cama, preguntó:

—¿Y cómo llamarás a esto?

—Pues… cama, o lecho, como usted prefiera, Señor.

—No, no —dijo el hombre—. Esto es mi caracol.

--¿Y cómo llamas a este otro objeto? —preguntó señalándose los pantalones.

—Pues… pantalones, o calzones, como usted prefiera, Señor.

—No, no. Tienes que llamarlos cohetes chinos.

--¿Y cómo lo llamarías a él? —preguntó señalando al gato.

—Pues… gato, o minino, o michi, como usted prefiera, Señor.

—No, no. Tienes que llamarlo escaldado de cara blanca.

--¿Y como llamarías a esto? —preguntó el hombre señalando el fuego.

—Chimenea, u hogar, Señor, como usted prefiera.

—No, no. Tienes que llamarlo gallo caliente.

--¿Y a esto otro, cómo lo llamarías? —dijo señalando el agua.

—Agua, Señor.

—No, no. Tienes que llamarlo pantanoso.

--¿Y cómo llamarías a todo esto? —dijo señalando la casa.

—Casa, o residencia, Señor, como usted me diga.

—Nada de eso. Tienes que llamarla alta cumbre de la montaña.

--Muy bien, Señor –aceptó la criada.

Aquella misma noche, la muchacha, asustada pero obediente y de buena memoria, fue a buscar a su Señor tan rápido como pudo, y le dijo:

—Señor de señores, salga de su caracol, póngase los cohetes chinos, pues al escaldado de cara blanca se le ha pegado una chispa de gallo caliente en la cola, y si no le echa un poco de pantanoso la alta cumbre de la montaña arderá más que gallo caliente.

Y como el caballero, viejo y bromista, entendió muy tarde de qué hablaba su criada por haber inventado los nombres de las cosas en el momento y no gozar ya de buena memoria, hizo que a su querido gato se le quemara la cola.


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