Hace mucho tiempo, una muchacha iba de casa en casa buscando trabajo como criada. Hasta que llegó a la casa de un caballero viejo y bromista que le dio el empleo que buscaba.
El primer día de trabajo, el caballero, riéndose para sí, le enseñó a la muchacha a nombrar los objetos de la casa con el nombre que él mismo les había dado.
Lo primero que le preguntó fue:
—¿Y a mí, cómo me llamarás?
—Le llamaré Señor, o Caballero, como usted me diga y más le plazca, Señor —respondió la criada. —Nada de eso —dijo él—. Deberás llamarme Señor de Señores.
Señalando después la cama, preguntó:
—¿Y cómo llamarás a esto?
—Pues… cama, o lecho, como usted prefiera, Señor.
—No, no —dijo el hombre—. Esto es mi caracol.
--¿Y cómo llamas a este otro objeto? —preguntó señalándose los pantalones.
—Pues… pantalones, o calzones, como usted prefiera, Señor.
—No, no. Tienes que llamarlos cohetes chinos.
--¿Y cómo lo llamarías a él? —preguntó señalando al gato.
—Pues… gato, o minino, o michi, como usted prefiera, Señor.
—No, no. Tienes que llamarlo escaldado de cara blanca.
--¿Y como llamarías a esto? —preguntó el hombre señalando el fuego.
—Chimenea, u hogar, Señor, como usted prefiera.
—No, no. Tienes que llamarlo gallo caliente.
--¿Y a esto otro, cómo lo llamarías? —dijo señalando el agua.
—Agua, Señor.
—No, no. Tienes que llamarlo pantanoso.
--¿Y cómo llamarías a todo esto? —dijo señalando la casa.
—Casa, o residencia, Señor, como usted me diga.
—Nada de eso. Tienes que llamarla alta cumbre de la montaña.
--Muy bien, Señor –aceptó la criada.
Aquella misma noche, la muchacha, asustada pero obediente y de buena memoria, fue a buscar a su Señor tan rápido como pudo, y le dijo:
—Señor de señores, salga de su caracol, póngase los cohetes chinos, pues al escaldado de cara blanca se le ha pegado una chispa de gallo caliente en la cola, y si no le echa un poco de pantanoso la alta cumbre de la montaña arderá más que gallo caliente.
Y como el caballero, viejo y bromista, entendió muy tarde de qué hablaba su criada por haber inventado los nombres de las cosas en el momento y no gozar ya de buena memoria, hizo que a su querido gato se le quemara la cola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario