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viernes, 12 de marzo de 2021

DICEN QUE DICEN

 

Diálogo brevísimo sin ningún sentido entre dos personas que ni siquiera se conocen

 

Marisol: Le voy a decir algo.

Rogelio: ¿Qué dice?

Marisol: Que le voy a decir algo.

Rogelio: Diga.

Marisol: Digo: María dice que la vecina dice que el esposo dice que un profesor decía siempre: “Dicen que dicen que dicen”.

Rogelio: Me perdí. ¿Qué dijo?

Marisol: ¿En qué parte se perdió?

Rogelio: Cuando dijo que dicen que decían.

Marisol: ¿Cuando dije que María dijo que la vecina dijo que el esposo dijo que un profesor dice siempre?

Rogelio: No, cuando dijo que el esposo de María dice que el profesor de la vecina dice que usted decía.

Marisol: No, yo dije que dicen que dirán que dijeron. Eeehhh… no. ¿Cómo era?

Rogelio: Mire, no importa. Déjelo ahí. (Después de unos instantes) Me acuerdo que cuando de chico mi tía me contaba un cuento siempre empezaba: “Dicen que dicen que dicen que…”.

Marisol: (Piensa en voz alta.) Mmnnn… Eso me suena conocido.

Rogelio: ¿Qué dijo?

Marisol: ¿Cómo dice?

Rogelio: Dije que qué dijo.

Marisol: Dije que lo que usted dijo que su tía decía me resulta conocido.

Rogelio: ¿El dicen que dicen?

Marisol: Ehhh... Sí.

Rogelio: Ah.


martes, 28 de abril de 2020

QUE PASE EL QUE SIGUE



(Interior del consultorio del doctor Clemente que, asomado a la puerta, llama a los pacientes.)

Doctor: ¡Que pase el que sigue!
(Entra una señora.)
Doctor: (Sentado a su escritorio, con lapicera en mano, pregunta para anotar en la historia clínica.) ¿Usted se llama...?
Señora: Juana.
Doctor: (Repite anotando.) Juaanaa.
Señora: Sí, doctor, y estoy sana.
Doctor: ¿Sana? ¿Y entonces para qué vino?
Señora:  Para ensayar.
Doctor: ¿Ensayar?
Señora:  Sí, para cuando me vaya a enfermar. Hay que prepararse.
Doctor: Pero, señora, eso es adelantarse.
Señora: Es que soy propensa al llanto, temo sentir espanto.
Doctor: (Consultando su reloj pulsera.) Señora, usted se está adelantando y yo me estoy atrasando.
Señora: Bueno, disculpe doctor, paso otro día mejor.
(Sale la señora y el doctor Clemente vuelve a llamar a un paciente.)
¡Que pase el que sigue!
(Entra un hombre.)
Hombre: (Habla antes de sentarse.) Doctor, estoy preocupado.
Doctor: Bueno, mi amigo. Me lo cuenta cuando esté sentado.
(Cuando el hombre se sienta.)
Doctor: Me dejó la puerta abierta.
(El hombre se levanta y va a cerrar.)
Doctor: ¿Qué me iba a contar?
Hombre: (Cuando vuelve, antes de sentarse.) Que estoy muy preocupado.
Doctor: (Le señala la silla.) Me lo cuenta cuando esté sentado.
(Cuando el hombre está en la silla.)
Doctor: Mejor vaya a la camilla.
Hombre: (Habla mientras va a la camilla.) Como le contaba doctor, estoy muy preocupado.
Doctor: Sí, pero me lo cuenta cuando esté acostado.
(El hombre se acuesta en la camilla.)
Doctor: Sáquese las zapatillas.
Hombre: (Mientras se saca las zapatillas.) ¿Cómo, me va a revisar?
Doctor: Sí, se va a tener que sentar.
Hombre: (Sentado en la camilla.) ¿Y, doctor, puedo contar?
Doctor: Me dijo que está preocupado, pero ahora póngase de costado.
Hombre: Sí, doctor, muy angustiado...
Doctor: A ver, póngase del otro lado.
Hombre: (Dándose vuelta.) Pero, doctor, ¿me va a escuchar?
Doctor: Sí, amigo, pero se tiene que parar.
Hombre: (Poniéndose las zapatillas.) ¿Ya terminó de revisar?
Doctor: Sí, ahora me puede contar. Pero antes le aclaro que usted está sano.
Hombre: Eso ya lo sé, el enfermo es mi hermano.
Doctor: ¿Era eso lo que quería contar?
Hombre: Sí, doctor. Me preocupa que él no quiera entrar.
Doctor: ¿Qué es lo que lo asusta?
Hombre: Los remedios no le gustan.
Doctor: Bueno, dígale que se calme y que vuelva otra tarde.
(Sale el hombre. El doctor se asoma y los llamados retoma.)
¡Que pase el que sigue!
(Entra un señor mayor.)
Doctor: ¿Cómo anda abuelo?
Señor mayor: Ay, m’hijito, siempre por el suelo.
Doctor: Bueno, abuelo, ésa no es sorpresa.
Señor mayor: Pero mire cómo tengo la cabeza.
Doctor: (Revisándolo.) Veo unos cuantos chichones.
Señor mayor: Y cuarenta moretones.
Doctor: Abuelo, no debe usar chancletas para andar en bicicleta.
Señor mayor:¿Le parece doctor?
Doctor: Claro, abuelo, es lo mejor. Y ahora, vaya, vaya.
(Sale el señor mayor del lugar y el doctor vuelve a llamar.)
Doctor: ¡Que pase el que sigue!
(Entra una madre con su hija.)
Madre: Buenas tardes, doctor, aquí le traigo a mi hija.
Doctor: (A la hija.) ¿Qué es lo que te anda pasando, querida?
Hija: Cuando voy a la escuela siempre me duele la muela.
Madre: ¿Tendrá algo grave, doctor?
Doctor: (A la madre.) Señora, para esa clase de dolor se equivocó de doctor. Le recomiendo a la doctora Manuela, le dejará bien la muela.
Madre: Gracias, doctor.
(Salen Madre e Hija. Se asoma el doctor Clemente y ya no queda ningún paciente.)
Doctor: (Al público.) Desde la nena hasta el anciano todos están de lo más sanos. El consultorio voy a cerrar, ¡nadie se quiere enfermar!

lunes, 27 de abril de 2020

EL TIEMPO ES ORO


(Una señora llama, muy impaciente, a la puerta de una mercería)           
Doña Úrsula: ¡Don Luis! ¡Don Luis! ¡Abra el negocio y atiéndame, por favor, que estoy muy apurada!

Don Luis: (Voz en off) Pero, señora, es temprano, abro dentro de media hora.

Doña Úrsula: ¡Ya lo sé! Pero es que tengo que ganar media hora. ¡La necesito!

Don Luis: ¿Cómo que tiene que ganar media hora?

Doña Úrsula: Si me deja entrar le explico, porque acá me estoy muriendo de frío.

Don Luis: Bueno, está bien, ahora le abro. (Y enseguida) Entre.

Doña Úrsula: ¿Sabe lo que pasa don Luis?

Don Luis: ¿Qué, señora?

Doña Úrsula: Ayer tuve tantas cosas que hacer que en un momento de distracción perdí media hora.

Don Luis: ¿Y con eso?

Doña Úrsula: Ayer perdí esa media hora y hoy estoy dispuesta a recuperarla, ¡sea como sea! El tiempo es oro, decía mi abuelo que en paz descanse.

Don Luis: Usted recupera su media hora pero me la hace perder a mí, porque ahora mismo yo tendría que estar desayunando, si no quiero, como usted dice, perder el tiempo.

Doña Úrsula: ¡Pero usted tiene tanto tiempo don Luis! Siempre anda por ahí desperdiciándolo: visitando a sus amigos, escuchando música, leyendo, cuidando las plantas.

 Don Luis: Pero eso no es desperdiciar el tiempo, señora.

Doña Úrsula: ¿Cómo que no? ¡Si todos hicieran lo que usted hace, nadie haría nada! ¿No le sobra una media horita que en todo caso me pueda prestar?

Don Luis: Imposible señora. Mi media hora no le serviría de nada.

Doña Úrsula: ¿Por qué no me serviría?

Don Luis: Porque yo le puedo prestar media hora, pero mire si le toca justo la media hora de charlas con los amigos, de paseos por el parque o de contemplar el atardecer, eso a usted no le sería útil. Su tiempo no es compatible con el mío.

Doña Úrsula: Así que tenemos tiempos distintos. Todos los días se aprende algo nuevo. Bueno, me voy a lo de la verdulera. A ella no la vi nunca contemplando un atardecer. Así que, ¿quién le dice?, tal vez tenga del mismo tiempo que el mío y me puede prestar una media hora. Hasta luego, don Luis. Vaya, vaya a desayunar, no pierda el tiempo que el tiempo es oro.

(Sale)


lunes, 1 de junio de 2015

BREVE DIÁLOGO TELEFÓNICO



Hola, ¿con quién hablo?

Diálogo telefónico entre A y B (Antonio y Braulio, o Andrea y Bartolomé, o lo que ustedes quieran).

(Suena el teléfono y atiende A)
A Hola.
B Hola, ¿quién es?
A ¿Cómo quién soy? ¿Y a usted qué le importa?
B ¿Con quién hablo?
A Conmigo.
B ¿Y usted quién es?
A ¡Y dale! ¿A usted qué le importa?
B Sí me importa.
A ¿Por qué, usted quién es?
B No sé quién soy.
A ¿Cómo dice?
B Digo que no sé quién soy. Por eso quiero saber quién es usted. ¿Usted no será yo, no?
A Pero qué disparate. ¿Cómo yo voy a ser usted?
B ¿Por qué? ¿Tan malo le parece ser yo?
A Y yo qué sé, si no lo conozco. No es por eso. Es que no puedo ser usted. Yo soy yo.
B ¿Yo? ¿Dijo yo? Ahhh, ¿usted es yo? Pero, ¿por qué me lo ocultaba? ¡Uff, qué alivio, me encontré! Ahora sé quién soy: si usted es yo, yo soy usted.
A Pero, no señ…
B (Interrumpiendo) ¡Gracias, muchas gracias!
 (Corta)

martes, 9 de diciembre de 2014

DIÁLOGO



¿Vio cómo nos entendimos?


(Don Pedro y don Carmelo, hombres de unos setenta años de edad, están sentados en un banco de la plaza y hablan mirando al frente, sin mirarse entre ellos.)


Pedro Qué hermoso día, ¿eh?
Carmelo Sí, qué hermoso día.
Pedro Dan ganas de pasear.
Carmelo Sí, dan ganas de pasear.
Pedro Es que está llegando la primavera.
Carmelo Sí, está llegando la primavera.
Pedro Mire qué cielo tan azul.
Carmelo Sí, qué cielo tan azul.
Pedro (Ofendido, a Carmelo) ¿Usted se está burlando de mí?
Carmelo (Mirando a Pedro) ¿Por?
Pedro No repita las mismas palabras que digo yo.
Carmelo Bueno, disculpe.
(Se quedan un momento en silencio. Al rato vuelven a hablar.)

Pedro (Señalando) Qué perfume tienen esas flores de ahí.
Carmelo Sí, qué fragancia tienen esas flores.
Pedro Escuche el canto de los pájaros.
Carmelo Sí, el trino de los pájaros.
Pedro Qué agradable.
Carmelo Qué placentero.
Pedro (Ofendido, a Carmelo) ¿Usted se sigue burlando? Sigue diciendo lo mismo que yo.
Carmelo (Mirando a Pedro) No señor, lo mismo que usted, no. Usé sinónimos.
Pedro (Lo mira enojado)
Carmelo (Mirándolo) Bueno, disculpe.
(Se quedan de nuevo en silencio. Al rato, hablan.)

Pedro Hoy estoy contento, ¿y usted?
Carmelo No, yo estoy triste.
Pedro Hasta siento calor, ¿usted no?
Carmelo No, yo tengo frío.
Pedro Después voy a ir a caminar, ¿y usted?
Carmelo No, yo me voy a quedar quieto.
Pedro (Mirando al otro) ¡Pero, viejo, con usted no se puede hablar!
Carmelo (Mirando al otro) ¿Por?
Pedro Ahora dice lo contrario de lo que yo digo.
Carmelo Pero antes me dijo que no repita lo mismo que usted.
Pedro Sí, hombre, pero tampoco lo contrario.
Carmelo Bueno, ¿y qué quiere que diga?
Pedro No diga ni lo mismo ni lo contrario. (Señalándose la cabeza) Piense un poco.
(Se quedan un momento en silencio. Al rato hablan.)

Pedro Ayer vino mi primo de visita.
Carmelo Mañana aumenta la nafta otra vez. ¡Qué barbaridad!
Pedro Vino solo porque su mujer no anda bien.
Carmelo ¿Adónde vamos a ir a parar con estos precios?
Pedro Parece que a fin de mes la operan.
Carmelo Porque van a remarcar todo, seguro.
Pedro Habló toda la tarde de fútbol, es un fanático.
Carmelo Y nos agarra con la despensa vacía, qué macana.
Pedro Mi mujer, que no se banca el fútbol, lo saludó y se fue a lo de la vecina.
Carmelo Por suerte este mes no tuvimos que comprar medicamentos, que si no…
Pedro Hasta a mí se me hizo pesado el primo, ¡jojo! Es que es demasiado fanático.
Carmelo Ni hablar de viajes, ¡ja! Primero hay que comer.
Pedro Suerte que se fue temprano. Pobre. Es buen tipo.
Carmelo (Poniéndose de pie) Mañana no vengo, tengo turno con el cardiólogo, y de ahí a lo de mi hija.
Pedro (Mirándolo) Ah, ¿se va? ¿Vio cómo nos entendimos y pudimos charlar tranquilos?
Carmelo A ver si veo un poco a mi nieta. Hasta pasado mañana, que siga bien.
(Se aleja)
Pedro Claro, la seguimos mañana. No falte, ¿eh?
(Se pone de pie y sale)

miércoles, 5 de marzo de 2014

PIEZA BREVE PARA DOS PERSONAJES (Publicada en 2013 en un libro de texto de editorial Estrada.)



Doña Sara

(Doña Sara está sentada a la puerta de su casa. Pasa una joven vecina y se para a saludarla.)

Vecina: ¡Hola, doña Sara! ¿Cómo está?

Doña Sara: ¿Qué, querida?

Vecina: Que cómo está.

Doña Sara: ¿Cómo?

Vecina: (Alzando la voz.) Que cómo está, doña Sara.

Doña Sara:¡Ay, nena! Más o menos.

Vecina: Pero, ¿qué le pasa?

Doña Sara:¿La casa? No, no es por la casa. Me parece que me estoy engripando.

Vecina: Y también, usted siempre desabrigada.

Doña Sara: No, no es por estar acá sentada. Ramón, pobre, que en paz descanse, siempre me decía: si vas a estar acá toda la tarde, ponéte un saquito, mirá que después refresca. Pero yo nunca tengo frío. Y vos nena, ¿cómo estás?

Vecina: Bien, doña Sara.

Doña Sara: No, ahora que lo pienso no debe ser una gripe, debe ser el hígado. Me está agarrando jaqueca. ¿Vos estás bien?

Vecina: Sí, doña Sara.

Doña Sara:¿Sabés que antes yo oía la conversación de la gente a ochenta metros de distancia? Mirá qué oído.

Vecina: Y ahora, ¿oye menos?

Doña Sara:¿Cómo decís?

Vecina: Que si ahora oye menos.

Doña Sara:¿Que si ahora qué?

Vecina: (Alzando la voz.) ¡Que si anda mal del oído, doña Sara!

Doña Sara:¿Que si me olvido? No, no. Todavía tengo bastante memoria y bastante buen oído. ¡Ay!

Vecina: ¿Qué tiene doña Sara?

Doña Sara:¿Quién viene? No sé, querida, pero yo estoy un poco mareada. Es por la vista.

Vecina: ¿Qué tiene en la vista?

Doña Sara: No, la pista no, ¿qué pista? ¿Andás bien vos del oído?  Hablo de la vista. Voy a tener que empezar a usar anteojos, estoy viendo menos. Mirá vos, esa señora que está pasando por la vereda de enfrente no sé si es Carmen o es Luisa.

Vecina: No, doña Sara, es un señor con un armario.

Doña Sara:¿El veterinario? ¡Ah! Debe ser por el perro de Roberto.

Vecina: ¿Qué tiene el perro de Roberto?

Doña Sara: No, no está muerto. Parece que comió mucha torta y le agarró tortícolis. ¿Vos andás bien de salud?

Vecina: Sí, creo que sí. Pero ahora me está agarrando dolor de cabeza.

Doña Sara: Ah, tenés que poner la mesa. Sí, claro, andá que se les va a enfriar la comida.

Vecina: (En voz bien alta.) ¡Que me voy, doña Sara, porque me duele la cabeza!

Doña Sara: Ahhh, sí querida, andá, andá.

Vecina: Chau, doña Sara.

Doña Sara: Chau, querida, que te mejores.

(Cuando doña Sara se queda sola, murmura.)

Doña Sara: Le debe doler la cabeza de tanto gritar. Ni que una fuera sorda.

Fin