lunes, 6 de abril de 2020

UN CUENTO DE LECHUZA (de los cuentos de De cómo fue)


¡A callar!





Aunque parezca mentira, en un tiempo muy lejano la lechuza era la encargada de anunciar el comienzo del día con un canto de lo más alegre.
Tenía su casa en un árbol del monte. Cada amanecer, soltaba un fresco PIPÍ PIPIRIPIPÍ por los aires, y hacía saber a todos que era hora de despertar.
Dar el anuncio de un nuevo día era una tarea muy importante, y ella la cumplía al pie de la letra.
Hasta que llegó una pareja de cotorras, hizo un nido en lo alto de un árbol muy cerca del de la lechuza y se instaló para vivir allí. Después los parientes vinieron de visita: hermanos, tíos, sobrinos, cuñados, suegros que se encariñaron con el lugar y decidieron quedarse.
Lo malo es que desde las primeras luces hasta que se adormecía el día hablaban, hablaban y hablaban con voz tan estridente que apagaba cualquier otro sonido.
¿Conversaban o discutían? Quién podría saberlo.
-Insoportable –se decía la lechuza-. Es imposible hacer mi trabajo con semejante barullo. No puedo oírme a mí misma. ¿Quién me oirá, entonces?
Y se le ocurrió chistarles para que se callaran.
 -¡Shiiiiiiiii! –les chistaba cada tanto, y enseguida exclamaba a toda voz- ¡A callar!
Pero ellas como si tal cosa, sordas a la llamada de atención de su vecina.
Pasaban los días y la lechuza no perdía oportunidad de chistarles tratando de hacerlas callar. 
-¡Shiiiiiiiii!  ¡Shiiiiiiiii! –insistía desde su árbol-. ¡A callar!
Imaginaba la pobre que los habitantes del monte andarían desorientados sin su anuncio matutino, pero no le quedaban fuerzas para cambiar la situación.
El disgusto de no poder hacer su labor le había puesto blancas las plumas. Fue entonces que tomó la decisión de buscar otro lugar donde vivir. Ya vendría alguien a hacer su labor.
Voló hacia el sur adonde cerca de un árbol de paraíso que olía dulce como caramelo encontró un horno de barro abandonado muy confortable, y se quedó a vivir allí.
Su voz no era la misma, estaba disfónica de tanto retar a las cotorras. Y había quedado tan alterada por el barullo, que cualquier ruido fuerte la molestaba, entonces emitía un ¡Shiiiiiiiii!, igual que lo hace ahora.
Al dejar de anunciar la llegada del día, se acostumbró a salir de casa solo al ponerse el sol. Y no tardó en conseguir un nuevo trabajo: cazadora de ratones.
A veces en estos tiempos, sobre todo en las noches sin luna, la gente de por ahí cree ver un fantasma sobrevolando el lugar; pero no hay de qué preocuparse, es la blanca lechuza en busca de alimento.


sábado, 21 de marzo de 2020

UN CUENTO DE BALLENAS (de los cuentos de De cómo fue)


Una lírica ballena


En tiempos antiguos la ballena salía del océano para cantar sobre la tierra.
Caminaba sobre cuatro patas y entonaba hermosas canciones con su lírica voz.
Todos los fines de semana hacía su espectáculo en la plaza del pueblo. Era una gran atracción.
Lo extraño fue que luego de varias actuaciones habían desaparecido las calandrias, una pareja de horneros, una lechuza blanca, las cotorras, las abejas, las mariposas y las libélulas.
También por esos días la ballena se empezó a quejar de grandes dolores de barriga.
Entonces consiguió una cita para que el médico del pueblo la atendiera en la mismísima plaza.
-¿Sabe, doctor? –comentó la ballena-. Siento como si tuviera mariposas en el estómago.
-¿Está enamorada? –preguntó el médico.
-No, qué va –contestó ella-, ya quisiera yo.
-Bueno, bueno. Acuéstese boca arriba, abra la boca y diga “aaa”.
Fue subirse a una banqueta, asomarse al interior de la ballena y escuchar un concierto de trinos y aleteos.
-¡Jum! –exclamó el médico-. Con que esas tenemos.
-¿Tenemos? –preguntó ella-. ¿Qué tenemos, doctor?
-¿Usted es cantante, no es así?
-Sí –dijo la ballena-, ¿por qué?
-Porque tiene toda una orquesta en su estómago.
-No puede ser.
-Créame. Ahora entiendo por qué no hay pájaros ni mariposas. Usted se los tragó.
-Ehhh…-balbuceó, ella, avergonzada-. Fue sin querer, doctor. Imagínese, tengo una boca enorme y cuando la abro para cantar ni me entero de quién entra o quién sale. Digo yo, ¿me puede curar?
-Yo la voy a curar, pero usted me tendrá que prometer que de ahora en adelante no cantará más en la plaza. Su canto es muy bello, pero no puede ser que se ande tragando todo lo que vuela, ¿se da cuenta?
-Sí, pero…
-¿Lo promete?
Y la ballena con desgano:
-Si no hay más remedio...
Cerrado el trato, el doctor mandó a buscar un barril de pimienta. No bien lo tuvo se lo dio a oler a la ballena y corrió a esconderse.
Al rato, la ballena dio un estornudo tan potente que pareció un huracán y un maremoto todo junto. Fue una suerte que estuvieran en el parque y no hubiera nadie cerca. Con el feroz estornudo volteó dos o tres árboles y salieron volando sanos y salvos seis o siete calandrias, una pareja de horneros, una lechuza blanca, muchísimas cotorras, más una gran nube de abejas, mariposas y libélulas, que se alejaron a todo vuelo no fuera cosa que a la ballena se le diera por cantar.
Pasaron unos días, y una tardecita el viento llevó hasta los oídos del médico la voz de la ballena que ensayaba una melodía.
En lo que se tarda en pestañear, el médico llegó a la plaza.
-Señorita –dijo con enojo el médico-, me prometió que no cantaría.
-Perdón, perdón. Es más fuerte que yo, no me puedo contener.  Pero quédese tranquilo, creo que esta vez no me tragué nada.
Y el médico, que era el que más autoridad tenía en el pueblo, quedó pensativo y al rato habló:
-Como sé que no dejará de cantar porque está en su naturaleza y al abrir la boca seguirá tragando cuanto vuele, la única solución que encuentro es que no pise más la tierra, que viva desde ahora y para siempre solo dentro del agua.
-¿Y mi canto en la plaza, no lo extrañarán?
-Claro que lo extrañaremos, pero no podemos estar sin las calandrias que anuncian la mañana, sin la pareja de horneros que traen fortuna en el lugar donde anidan, sin la lechuza que acaba con la plaga de ratones, sin las cotorras que pintan de verde el aire, sin las abejas y su exquisita miel, sin las mariposas de flor en flor, sin las libélulas que anuncian lluvia. ¿Se da cuenta? Tal vez en el océano pueda armar su espectáculo, y quién sabe algún día vayamos a escucharla.
Entonces, el médico con paso firme y la ballena cabizbaja, caminaron los dos hasta la orilla del mar.
Todos fueron a despedirse de la ballena: hubo adioses, aplausos y  alguna lágrima.
Desde ese día no se la volvió a ver más por tierra.
Con el paso del tiempo las patas se le transformaron en aletas, encontró una pareja y enamorados como estaban les nació un robusto ballenato.
Con su nombre artístico, Yubarta, la ballena cantó en el mar como lo hacía sobre la tierra.
En nuestros días hay muchas clases de ballenas, pero de todas la Yubarta es la que canta más lindo.

lunes, 16 de marzo de 2020

PESTES




¡Ojo con el virus
que ataca, que mata
que lleva corona
de China o de Roma!

En tanto el mosquito
pica calladito
y hace de las suyas:
dengue, chikunguña

sábado, 15 de febrero de 2020

UN SEÑOR DE ESTILO





Hay un señor que se acuesta
bajo la sombra del tilo
y duerme todas las tardes
su siesta lo más tranquilo.

Lleva un traje arrugado,
fresco sombrero de hilo
y un buen techo de verano:
las verdes ramas del tilo.

Qué fantástico se duerme
bajo la sombra de un tilo.
Se sueñan sueños perfumados
si se es señor de estilo.

Y los días en que llueve,
él se queda muy tranquilo
sin que la lluvia le impida
su dormitar bajo el tilo.

Tiene una buena razón
para quedarse tranquilo:
pone el sombrero al revés
y recoge té de tilo.

miércoles, 29 de enero de 2020

CUENTOS INQUIETOS


En diciembre de 2019 estuve narrando y poniendo en escena a los personajes de mi cuento: ¡Ay, este Rulo!, en el festejo del aniversario de la biblio Julio Cortázar


lunes, 11 de noviembre de 2019

LOS CUATRO GATOS EN "DESBORDES 2"



En el libro Desbordes 2, las voces sobre el libro álbum, de las compiladoras Mariel Rabasa y María Marcela Ramírez encontré un estudio muy detallado de nuestro libro Cuatro gatos negros flacos, a cargo de la Licenciada en Letras Cristina Blake y la Dra. en Letras Valeria Sardi:

https://ediuns.com.ar/wp-content/uploads/2018/02/P%C3%A1ginas-desdeDesbordes-2-sap.pdf