miércoles, 3 de enero de 2018

¿ADÓNDE ESTÁ MI CABEZA?


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Había una vez un pirata,
un pirata sin cabeza,
hablaba hasta por los codos,
era toda una rareza.

¡¿Adónde está mi cabeza
que no la puedo encontrar?!,
gritaba a voz en cuello,
y se largaba a llorar.

Se llamaba Amargote,
rengueaba de una pata;
cuando tenía cabeza
era el más feroz pirata.

¡¿Adónde está mi cabeza
que no la puedo encontrar?!
¿A quién se le habrá ocurrido
querérmela a mí robar?

Si daba con un espejo,
¡ay!, trataba de recordar
cómo era él con cabeza
y le daba por gritar:

¡¿Dónde estará mi cabeza?!
¡¿Cómo la voy a encontrar?!
¡Sin cabeza es muy difícil
que uno se ponga a pensar!

La buscó por todas partes
pero nunca la encontró,
por eso es que para siempre
sin su cabeza vivió.

¡Ay mi coco, mi marote,
ay mi linda calabaza,
¿dónde estás mi cabezota
que no te encuentro en la casa?

El hueco sobre sus hombros
para nada le gustaba
y un día empezó a ponerse
toda cosa que encontraba.

Así se probó un zapallo,
una sandía, un jarrón,
un zapato medio viejo,
un soquete y un sifón.

Un plato con tallarines,
un colorido acordeón,
un licuado de bananas
y hasta un sabroso melón.

Me gusta cómo me queda,
esta cabeza es un sol,
se dijo frente al espejo
y se acomodó el melón.

Desde entonces al pirata
tan amargo como hiel
no lo llaman Amargote,
lo llaman Rocío de Miel.

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